el santo padre francisco
el santo padre francisco
viernes, 22 de agosto de 2014
2 de octubre de 2013 - Papa Francisco. Audiencia General
El Papa Francisco, en su catequesis de hoy con los miles de fieles y peregrinos que lo visitaron en la plaza de San Pedro, continuó profundizando en el misterio de “La Iglesia”, e indicó que no solo es “una” sino que además es “Santa”. Y lo es a pesar de los momentos de oscuridad que ha experimentado eventualmente a lo largo de la historia, y también a pesar de que la conformen hombres pecadores.
Es santa remarcó por gracia de la Santísima Trinidad. No por nuestros méritos. Sin embargo, el Papa Francisco recordó a todos que estamos llamados a ser santos y que no debemos tener miedo a serlo. No a través de cosas extraordinarias sino dejando que Dios obre en nuestras vidas con su Espíritu de caridad, de humildad y de alegría. Por el Señor, para su gloria, y por el bien del prójimo.
“Puedes ser como el hijo que ha abandonado la casa, que ha tocado el fondo de la lejanía de Dios. Cuando tienes la fuerza de decir: quiero regresar a casa, encontrarás la puerta abierta, Dios te sale al encuentro porque te espera siempre, te abraza, te besa y te hace fiesta [...] (El Señor) nos quiere parte de una Iglesia que sabe abrir los brazos para acoger a todos, que no es la casa de pocos, sino la casa de todos, donde todos pueden ser renovados, transformados, santificados por su amor, los más fuertes y los más débiles, los pecadores, los indiferentes, aquellos que se sienten desalentados y perdidos”
1 de octubre de 2013 - Homilía del Papa Francisco
El Santo Padre concelebró la Misa de esta mañana en la Casa de Santa Marta con los purpurados del “Consejo de cardenales” que desde hoy se reúne con el Papa en el Vaticano hasta el 3 de octubre. En su homilía, el Pontífice auguró que estas reuniones hagan a todos más humildes y confiados de Dios, “para que la Iglesia pueda dar a la gente un hermoso testimonio”. Jesús reprende a los dos Apóstoles que querían que caiga fuego del cielo sobre todos aquellos que no querían recibirlo. El Obispo de Roma desarrolló su homilía inspirándose en el Evangelio del día, recordando que el del cristiano no es “un camino de venganza”. El camino del cristiano es aquel de la humildad, de la docilidad. Y, agregó, en la conmemoración de hoy de Santa Teresa del Niño Jesús, “nos hará bien reflexionar en ese espíritu de humildad, de ternura, de bondad”. Un espíritu humilde, puntualizó el Papa, que el Señor “quiere de todos nosotros”. ¿Dónde está por lo tanto la fuerza “que nos conduce a este espíritu”? Precisamente “en el amor – fue la respuesta de Francisco – en la caridad, en la conciencia de que estamos en las manos del Padre”. “Cuando se siente esto”, observó el Pontífice, “no es que den ganas de hacer caer fuego del cielo”: “Viene el otro espíritu, aquel de esa caridad que todo sufre, todo perdona, que no se vanagloria, que es humilde, que no busca a sí misma. Alguien puede decir – y había algunos filósofos que pensaban así – que esta sea como una humillación de la majestad del hombre, de la grandeza del hombre. ¡Esto es estéril! La Iglesia sabia ha hecho a esta Santa, humilde, pequeña, confiada de Dios, dócil: la ha hecho Patrona de las Misiones”. La fuerza del Evangelio, continuó el Santo Padre, está justamente ahí, “porque el Evangelio llega precisamente al punto más alto en la humillación de Jesús: ¡humildad que se convierte en humillación!” Y la fuerza del Evangelio “está en la humildad, la humildad del niño que se deja guiar por el amor y la ternura del padre”: “La Iglesia -nos decía Benedicto XVI- no crece por proselitismo, crece por atracción, por testimonio. Y cuando la gente, los pueblos ven este testimonio de humildad, de docilidad de mansedumbre, sienten la necesidad de la que habla el profeta Zacarías: ‘¡Queremos venir con vosotros!’. La gente siente aquella necesidad ante el testimonio de la caridad, de esa caridad humilde, sin prepotencia, no autosuficiente, humilde, que adora y sirve”. “La caridad es simple: ¡adorar a Dios y servir a los demás! Y este testimonio – afirmó el Papa - hace crecer a la Iglesia”. He aquí el por qué una monja “tan humilde, pero tan confiada en Dios”, como Santa Teresa del Niño Jesús, “fue declarada Patrona de las Misiones, porque su ejemplo” hace “que la gente diga ‘¡Queremos venir con vosotros!’”. El Papa concluyó su homilía dirigiendo un pensamiento especial a las reuniones que desde este martes se llevan a cabo en el Vaticano con el “Consejo de cardenales” por él deseado para ayudarlo en el gobierno de la iglesia: “Hoy, aquí, en el Vaticano comienza la reunión con los cardenales consultores, que están concelebrando la Misa. Pidamos al Señor que nuestro trabajo de hoy nos haga a todos más humildes, más dóciles, más pacientes, más confiados de Dios, para que así la Iglesia pueda dar un hermoso testimonio a la gente y viendo al Pueblo de Dios, viendo a la Iglesia, sientan el deseo de venir con nosotros!”.
30 de septiembre de 2013 - Francisco canonizará a los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II el próximo 27 de abril, Domingo de la Divina Misericordia
El Papa Francisco, pasadas las 10 horas de ayer lunes, 30 de septiembre de 2013, confirmó que los papas Juan XXIII y Juan Pablo II serán canonizados el 27 de abril de 2014. La Santa Sede ha informado que el 5 de julio pasado el Papa firmó los correspondientes decretos para sus canonizaciones.
Lo anunció el Papa Francisco, pasadas las 10 horas del lunes 30 de septiembre de 2013. El 5 de julio pasado firmó los correspondientes decretos para sus canonizaciones
Angelo Giuseppe Roncalli nació el 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte (Bérgamo), en el seno de una familia de humildes labriegos. De 1892 a 1904 cursa la formación sacerdotal en Bérgamo y en Roma. Doctorado en Teología, el 10 de agosto es ordenado sacerdote.
Fue secretario del obispo de Bérgamo, es movilizado en la I Guerra Mundial, tras la cual es nombrado director espiritual del seminario de Bérgamo. De 1921 a 1925 fue presidente para Italia de la Obra Pontificia para la Propagación de la Fe. Es ordenado obispo el 19 de marzo de 1925 y nombrado visitador apostólico de Bulgaria. En 1934 es nombrado delegado apostólico en Turquía y Grecia y administrador apostólico para los cristianos de rito latino de Constantinopla. De 1944 a 1952 es nuncio apostólico en Francia. Creado cardenal en 1953, es nombrado patriarca de Venecia.
Cinco años después es elegido Papa. Toma el nombre de Juan XXIII. Convoca el Concilio Vaticano II. Fallece el 3 de junio de 1963. Es el Papa bueno, el Papa del pueblo, el Papa del cambio. Fue beatificado en 2000.
Karol Jozef Wojtyla nació en la localidad polaca de Wadowice el 20 de mayo de 1920. Con tanto solo 20 años, y ya muertos sus padres y su único hermano y Polonia invadida por el ejército nazi, Karol, que prometía ser actor y escritor, al enfrentarse a la realidad del mal, descubre que solo el amor de Jesucristo es la clave de la felicidad que anhela el corazón del hombre. Ingresa en el seminario de Cracovia, estudia en Roma y es ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946.
La universidad y los jóvenes fueron los principales ámbitos de los doce años de su ministerio como sacerdote. Su patria polaca se enfrentaba entonces a otro de los grandes males del siglo XX: el comunismo. Karol Wojtyla es obispo auxiliar de Cracovia de 1958 a 1962 y arzobispo metropolitano de esta misma sede durante 16 años. Cardenal desde 1967, el 16 de octubre de 1978 es elegido Papa con el nombre de Juan Pablo II. Durante más de veintiséis inolvidables años, desarrolla un admirable ministerio petrino. Fallece, tras ser visitado durante años por la cruz, el 2 de abril
La fecha de su canonización fue elegida por el papa Francisco durante el consistorio celebrado hoy junto con los cardenales y corresponde al primer domingo después de las celebraciones de la Semana Santa, cuando la Iglesia celebra la fiesta de la Divina Misericordia. Una fiesta que instituyó el propio Juan Pablo II tras hacer santa en el año 2000 a la monja polaca Faustina Kowalska.
El papa Francisco hace alusión a la vida de Juan Pablo II y de Juan XXIII
El camino hacia la santidad tiene varios escalones: Primero es necesario ser nombrado Venerable Siervo de Dios, el título que se da tras la muerte a quien se le reconoce haber vivido «las virtudes de manera heroica».
Después es necesario que sea reconocido un milagro para ser proclamado beato y después otro para la canonización, aunque el Papa puede saltarse alguno de estos pasos como en el caso de Juan XXIII.
La canonización del papa polaco ha llegado en poco tiempo, pero ha seguido todos los pasos marcados por la Iglesia. Y es que la subida a los altares de Juan Pablo II, cuyo papado duró casi 27 años, fue casi por aclamación popular tras el «santo súbito» (santo ya) que resonó durante días en la Plaza de San Pedro del Vaticano.
En mayo de 2011, la Congregación para las Causas, el organismo del Vaticano que evalúa a los candidatos a la santidad, consideró como primer milagro el caso de la monja francesa y enfermera Marie Simon Pierre, de 51 años, quien según la comisión médica se curó de manera inexplicable de la enfermedad de Parkinson, la misma que sufrió Wojtyla en los últimos años de su vida.
En cuanto a Juan XXIII, el papa Francisco, que en sus seis meses de pontificado ha resaltado en numerosas ocasiones la figura del «Papa Bueno», sorprendió el 5 de julio pasado al anunciar que lo proclamará santo sin esperar ese milagro, en una decisión inédita.
El portavoz vaticano, Federico Lombardi, afirmó que Francisco, en el caso de Juan XXIII, no tiene dudas de su santidad.
«Conocemos todos las virtudes y la personalidad del papa Roncalli, no es necesario explicar los motivos de su santidad», dijo Lombardi, que precisó que ello no quiere decir que a partir de ahora todos los beatos sean canonizados sin un segundo milagro.
La canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII se produce en el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, convocado por el papa Roncalli.
Biografía de los dos papas
Juan XXIII
Angelo Giuseppe Roncalli nació el 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte (Bérgamo), en el seno de una familia de humildes labriegos. De 1892 a 1904 cursa la formación sacerdotal en Bérgamo y en Roma. Doctorado en Teología, el 10 de agosto es ordenado sacerdote.
Fue secretario del obispo de Bérgamo, es movilizado en la I Guerra Mundial, tras la cual es nombrado director espiritual del seminario de Bérgamo. De 1921 a 1925 fue presidente para Italia de la Obra Pontificia para la Propagación de la Fe. Es ordenado obispo el 19 de marzo de 1925 y nombrado visitador apostólico de Bulgaria. En 1934 es nombrado delegado apostólico en Turquía y Grecia y administrador apostólico para los cristianos de rito latino de Constantinopla. De 1944 a 1952 es nuncio apostólico en Francia. Creado cardenal en 1953, es nombrado patriarca de Venecia.
Cinco años después es elegido Papa. Toma el nombre de Juan XXIII. Convoca el Concilio Vaticano II. Fallece el 3 de junio de 1963. Es el Papa bueno, el Papa del pueblo, el Papa del cambio. Fue beatificado en 2000.
Juan Pablo II
Karol Jozef Wojtyla nació en la localidad polaca de Wadowice el 20 de mayo de 1920. Con tanto solo 20 años, y ya muertos sus padres y su único hermano y Polonia invadida por el ejército nazi, Karol, que prometía ser actor y escritor, al enfrentarse a la realidad del mal, descubre que solo el amor de Jesucristo es la clave de la felicidad que anhela el corazón del hombre. Ingresa en el seminario de Cracovia, estudia en Roma y es ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946.
La universidad y los jóvenes fueron los principales ámbitos de los doce años de su ministerio como sacerdote. Su patria polaca se enfrentaba entonces a otro de los grandes males del siglo XX: el comunismo. Karol Wojtyla es obispo auxiliar de Cracovia de 1958 a 1962 y arzobispo metropolitano de esta misma sede durante 16 años. Cardenal desde 1967, el 16 de octubre de 1978 es elegido Papa con el nombre de Juan Pablo II. Durante más de veintiséis inolvidables años, desarrolla un admirable ministerio petrino. Fallece, tras ser visitado durante años por la cruz, el 2 de abril de 2005. Es beato desde 2011.
29 de septiembre de 2013 - El Papa Francisco pide a catequistas custodiar y alimentar la memoria de Dios
Al presidir esta mañana en la Plaza de San Pedro, ante decenas de miles de fieles y peregrinos, la Misa con ocasión de la Jornada de los Catequistas, el Papa Francisco les exhortó a ser “hombres y mujeres que custodian y alimentan la memoria de Dios en la propia vida, y la saben despertar en el corazón de los demás”.
Con ocasión de la jornada, catequistas de diversas partes del mundo peregrinaron a la Tumba de Pedro, en el marco del Año de la Fe.
El Santo Padre advirtió sobre el riesgo actual de los cristianos “de apoltronarse, de la comodidad, de la mundanidad en la vida y en el corazón, de concentrarnos en nuestro bienestar”.
“Es la misma experiencia del rico del Evangelio, vestido con ropas lujosas y banqueteando cada día en abundancia; esto era importante para él. ¿Y el pobre que estaba a su puerta y no tenía para comer? No era asunto suyo, no tenía que ver con él”.
El Papa señaló que “si las cosas, el dinero, lo mundano se convierten en el centro de la vida, nos aferran, se apoderan de nosotros, perdemos nuestra propia identidad como hombres: miren bien, el rico del Evangelio no tiene nombre, es simplemente ‘un rico’. Las cosas, lo que posee, son su rostro, no tiene otro”.
“¿Por qué sucede esto? ¿Cómo es posible que los hombres, tal vez también nosotros, caigamos en el peligro de encerrarnos, de poner nuestra seguridad en las cosas, que al final nos roban el rostro, nuestro rostro humano? Esto sucede cuando perdemos la memoria de Dios”.
“‘Ay de los que se fían de Sión’, decía el profeta. Si falta la memoria de Dios, todo queda comprimido en el yo, en mi bienestar”.
Francisco indicó que si falta la memoria de Dios, “la vida, el mundo, los demás, pierden consistencia, ya no cuentan nada, todo se reduce a una sola dimensión: el tener”.
El Santo Padre advirtió que “si perdemos la memoria de Dios, también nosotros perdemos la consistencia, también nosotros nos vaciamos, perdemos nuestro rostro como el rico del Evangelio. Quien corre en pos de la nada, él mismo se convierte en nada, dice otro gran profeta, Jeremías. Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, no a imagen y semejanza de las cosas, de los ídolos”.
“Entonces, mirándoles a ustedes, me pregunto: ¿Quién es el catequista? Es el que custodia y alimenta la memoria de Dios; la custodia en sí mismo y sabe despertarla en los demás”.
El Papa señaló “qué bello es esto: hacer memoria de Dios, como la Virgen María que, ante la obra maravillosa de Dios en su vida, no piensa en el honor, el prestigio, la riqueza, no se cierra en sí misma”.
“Por el contrario, tras recibir el anuncio del Ángel y haber concebido al Hijo de Dios, ¿qué es lo que hace? Se pone en camino, va donde su anciana pariente Isabel, también ella encinta, para ayudarla; y al encontrarse con ella, su primer gesto es hacer memoria del obrar de Dios, de la fidelidad de Dios en su vida, en la historia de su pueblo, en nuestra historia: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor... porque ha mirado la humillación de su esclava... su misericordia llega a sus fieles de generación en generación’”.
Francisco subrayó que “María tiene memoria de Dios”.
“En este cántico de María está también la memoria de su historia personal, la historia de Dios con ella, su propia experiencia de fe. Y así es para cada uno de nosotros, para todo cristiano: la fe contiene precisamente la memoria de la historia de Dios con nosotros, la memoria del encuentro con Dios, que es el primero en moverse, que crea y salva, que nos transforma”.
El Papa remarcó que “la fe es memoria de su Palabra que inflama el corazón, de sus obras de salvación con las que nos da la vida, nos purifica, nos cura, nos alimenta”.
“El catequista es precisamente un cristiano que pone esta memoria al servicio del anuncio; no para exhibirse, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor y su fidelidad. Hablar y transmitir todo aquello que Dios ha revelado. La doctrina en su totalidad. Sin quitar ni agregar”.
El catequista, subrayó el Papa, “es un cristiano que lleva consigo la memoria de Dios, se deja guiar por la memoria de Dios en toda su vida, y la sabe despertar en el corazón de los otros. Esto requiere esfuerzo. Compromete toda la vida”.
“El mismo Catecismo, ¿qué es sino memoria de Dios, memoria de su actuar en la historia, de su haberse hecho cercano a nosotros en Cristo, presente en su Palabra, en los sacramentos, en su Iglesia, en su amor?”.
“Queridos catequistas, les pregunto: ¿Somos nosotros memoria de Dios? ¿Somos verdaderamente como centinelas que despiertan en los demás la memoria de Dios, que inflama el corazón?”.
El Santo Padre les preguntó también “¿qué camino se ha de seguir para no ser ‘superficiales’, como los que ponen su confianza en sí mismos y en las cosas, sino hombres y mujeres de la memoria de Dios? En la segunda Lectura, san Pablo, dirigiéndose de nuevo a Timoteo, da algunas indicaciones que pueden marcar también el camino del catequista, nuestro camino: Tender a la justicia, a la piedad, a la fe, a la caridad, a la paciencia, a la mansedumbre”.
“El catequista es un hombre de la memoria de Dios si tiene una relación constante y vital con él y con el prójimo; si es hombre de fe, que se fía verdaderamente de Dios y pone en él su seguridad; si es hombre de caridad, de amor, que ve a todos como hermanos; si es hombre de ‘hypomoné’, de paciencia y de perseverancia, que sabe hacer frente a las dificultades, las pruebas y los fracasos, con serenidad y esperanza en el Señor; si es hombre amable, capaz de comprensión y misericordia”.
“Pidamos al Señor que todos seamos hombres y mujeres que custodian y alimentan la memoria de Dios en la propia vida y la saben despertar en el corazón de los demás. Amén”, concluyó.
27 de septiembre de 2013 - El Papa a catequistas: Sigan a Cristo y no tengan miedo de ir a las periferias con Él
El Papa Francisco se reunió en el Vaticano con más de 1.600 catequistas procedentes de todo el mundo que han acudido a Roma en peregrinación por el Año de la Fe. El Papa ingresó caminando desde el fondo del Aula Pablo VI y saludó a los entusiastas catequistas.
Francisco se dirigió a los catequistas con un discurso preparado aunque levantó la mirada de los papeles con frecuencia para explicar los tres puntos que considera indispensables para cualquier buen catequista. El Papa dijo que ser buen catequista significa tener familiaridad con Jesús, imitar a Cristo que significa ir a buscar a los demás y no tener miedo de ir a la periferia con Jesús.
El Papa dijo que ser catequista es una verdadera vocación porque no se trabaja o se hace de catequista sino que "se es catequista". Citando a Benedicto XVI, recordó que la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción, y lo que atrae es el testimonio. Asimismo, mencionó las palabras que solía decir san Francisco de Asís: "predicad siempre el Evangelio y si fuera necesario también con las palabras".
El Papa resaltó que "ser catequista requiere amor, amor cada vez más fuerte a Cristo y amor a su pueblo santo y este amor necesariamente viene de Cristo". Y les ha preguntó: "¿Qué significa este venir de Cristo para un catequista?". En tres puntos lo explicó.
Francisco consideró esencial la familiaridad que se debe gestar entre el catequista y Jesús. Y aseguró que tener un "título de catequista" es solo un pequeño camino porque enseñar la fe no se trata de de un título, sino que "es una actitud".
Dejarse mirar por Cristo, señaló el Obispo de Roma, es una forma de rezar. "Esto calienta el corazón, tiene acceso al fuego de la amistad, hace sentir que Él verdaderamente me mira, está cerca de mí y me quiere", indicó.
El Papa reconoció que entiende que no es sencilla la tarea, "especialmente para quien está casado y tiene hijos". Expresó que no es necesario hacer todo de la misma manera, porque en la Iglesia "hay variedad de vocaciones y variedad de formas espirituales". Lo importante, remarcó, "es encontrar el modo adecuado para estar con el Señor; y esto se puede, es posible en cada estado de vida".
El segundo elemento que puntualizó es imitar a Cristo en el salir de sí e "ir al encuentro con el otro". Aunque aceptó que parece una experiencia paradójica, describió: "¡Quien pone al centro de la propia vida a Cristo se descentra! Cuanto más te unís a Jesús, Él se convierte en el centro de tu vida; cuánto más Él te hace salir de ti mismo, te descentra y te abre a los otros". Y utilizó una metáfora al decir que el corazón del catequista realiza esas acciones como los movimientos cardíacos de la sístole y la diástole.
En tercer lugar, Francisco habló de la historia de Jonás, un hombre pío que cuando el Señor lo llama para predicar en Nínive no se siente capaz. "Nínive está fuera de sus esquemas, está en la periferia de su mundo. Dios no tiene miedo de las periferias". Y añadió que Dios es siempre fiel, creativo, no es cerrado ni rígido, nos acoge, nos viene al encuentro, nos comprende.
También destacó la creatividad del catequista como una columna de su labor. "Si un catequista se dejan llevar por el miedo, es un cobarde; si un catequista se queda tranquilo terminan por ser una estatua de museo; si un catequista es rígido, se vuelve reseco y estéril", advirtió.
Del mismo modo, recordó que prefiere "una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma". Y en esta labor, "nuestra belleza y nuestra fuerza" es que "si salimos a llevar su Evangelio con amor Él camina con nosotros" y "nos primerea" siempre.
El Santo Padre subrayó que Dios siempre "nos precede y que si tenemos miedo de ir a una periferia, en realidad Él ya está allí". Al finalizar, dio las gracias a los catequistas y los invitó a permanecer con Cristo, ser una sola cosa con Él, seguirlo e imitarlo.
26 de septiembre de 2013 - Francisco explica el Evangelio
El Pontífice se remitió al pasaje del Evangelio de Lucas (9, 7-9) en el que Herodes se interroga sobre quién es ese Jesús de quien tanto se oye hablar. La persona de Jesús, recordó el Papa, suscitó a menudo preguntas del tipo: “¿Quién es éste? ¿De dónde viene? Pensemos en Nazaret, por ejemplo, en la sinagoga de Nazaret, cuando se marchó la primera vez: ¿pero dónde ha aprendido estas cosas? Nosotros le conocemos bien: es el hijo del carpintero. Pensemos en Pedro y en los apóstoles después de aquella tempestad, ese viento que Jesús hizo callar. ¿Pero quién es éste a quien obedecen el cielo y la tierra, el viento, la lluvia, la tempestad? ¿Pero quién es?”.
Preguntas, explicó el Papa, que se pueden hacer por curiosidad o para tener seguridades sobre el modo de comportarse ante Él. Persiste en cualquier caso el hecho de que cualquiera que conozca a Jesús se hace estas preguntas. Es más, “algunos -prosiguió el Santo Padre, volviendo al episodio evangélico- empezaron a sentir temor de este hombre, porque les puede llevar a un conflicto político con los romanos”; y así que piensan en no tener más en consideración “a este hombre que crea tantos problemas”.
¿Y por qué -se interrogó el Pontífice- Jesús crea problemas? “No se puede conocer a Jesús -fue su respuesta- sin tener problemas”. Paradójicamente -siguió- “si quieres tener un problema, vas por el camino que te lleva a conocer a Jesús” y entonces surgirán muchos problemas. En cualquier caso a Jesús no se le puede conocer “en primera clase” o “en la tranquilidad”, menos aún “en la biblioteca”. A Jesús se le conoce sólo en el camino cotidiano de la vida.
Y se le puede conocer “también en el catecismo -afirmó-. ¡Es verdad! El catecismo nos enseña muchas cosas sobre Jesús y debemos estudiarlo, debemos aprenderlo. Así aprendemos que el Hijo de Dios vino para salvarnos y comprendemos por la belleza de la historia de la salvación el amor del Padre”. En cualquier caso, incluso el conocimiento de Jesús a través del catecismo “no es suficiente”: conocerle con la mente ya es un paso adelante, pero “a Jesús es necesario conocerle en el diálogo con Él. Hablando con Él, en la oración, de rodillas. Si tú no rezas, si tu no hablas con Jesús -expresó-, no le conoces”.
Hay finalmente un tercer camino para conocer a Jesús: “Es el seguimiento, andar con Él, caminar con Él, recorrer sus vías”. Y mientras se camina con Él, se conoce “a Jesús con el lenguaje de la acción. Si tú conoces a Jesús con estos tres lenguajes: de la mente, del corazón, de la acción, entonces puedes decir que conoces a Jesús”. Llevar a cabo este tipo de conocimiento comporta la implicación personal. “No se puede conocer a Jesús -recalcó el Pontífice- sin involucrarse con Él, sin apostar la vida por Él”. Así que, para conocerle, verdaderamente es necesario leer “lo que la Iglesia te dice de Él, hablar con Él en la oración y andar por su camino con Él”. Este es el camino y “cada uno -concluyó- debe hacer su elección”.
25 de septiembre de 2013 - La Iglesia es una sola para todos y no se puede “privatizar”, dice el Papa
En la Audiencia General de hoy, ante la multitud reunida en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco señaló que “la Iglesia es una sola para todos” y pidió a los fieles no ser de los que “privatizan la Iglesia para el propio grupo”.
El Santo Padre dijo que “la Iglesia es una sola para todos. No hay una iglesia para los Europeos, una para los Africanos, una para los Americanos, una para los Asiáticos, una para quien vive en Oceanía, es la misma en todas partes. Es como en una familia: se puede estar lejos, esparcidos por el mundo, pero los lazos profundos que unen a todos los miembros permanecen firmes cualquiera sea la distancia”.
El Papa recordó “la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro. En aquella inmensa multitud de jóvenes sobre las playas de Copacabana, se sentían hablar tantas lenguas, se veían rostros de rasgos muy diversos entre ellos, se encontraban culturas diversas”.
“Y sin embargo había una profunda unidad, se formaba una única Iglesia, estábamos unidos y esto se sentía”.
“Preguntémonos todos: ¿siento esta unidad? O ¿Quizá no me interesa porque estoy encerrado en mi pequeño grupo o en mi mismo?, ¿Soy de aquellos que privatizan la Iglesia para el propio grupo, la propia Nación, los propios amigos?”.
Francisco exhortó a cuestionarse si “cuando siento que tantos cristianos en el mundo sufren ¿soy indiferente o es como si sufriese uno de mi familia?, ¿rezamos los unos por los otros? ¡Es importante mirar fuera del propio recinto, sentirse Iglesia, única familia de Dios!”.
El Santo Padre advirtió que “una de las cosas que más desunen a la Iglesia es el chismerío”.
“Un cristiano no puedes ser ‘chusma’, no puede andar hablando mal de otro. Le conviene primero morderse la lengua y después hablar mal de otro”.
Por ello, dijo el Papa, se debe “fomentar siempre la comunión en todos los ámbitos de la vida para crecer en la unidad que Dios nos da, y también para favorecer el camino ecuménico”.
“Y, como esta unidad no es fruto de acuerdos humanos, sino obra del verdadero artífice, el Espíritu Santo, hemos de pedirla con perseverancia en la oración”.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)